EL INFIERNO

He soñado con el infierno.

Fue sentido. Nadie me dijo que era el infierno. Ni que fuese eterno. Ni que yo estuviera muerto.

Sentí que era el infierno.

Sentí que era eterno.

Yo estaba muerto. Impávido. Contemplando.

Estaba en el juzgado de Barbate, en la sala donde confluyen el dos y el uno. Estaba orientado hacia las ventanas pero mi mirada se deslizaba por miles de expedientes exánimes. Varias funcionarias trabajaban en otro nivel, o sea, que no estaban allí, con lo que el trabajo no avanzaba.

Sentí la eternidad, el castigo eterno. Y ahora, despierto, me pregunto ¿Y qué es lo que yo he hecho?

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